Les ha pasado que ven a su hijo y se ven a ustedes mismos o a su cónyuge en relación a las actitudes, gestos, formas de ser, contestaciones o formas de pensar. En el día a día nos preguntamos poque mi hijo es así y si volteamos a vernos al espejo o si volteamos a ver a la persona que tenemos junto sea padre o madre vemos que son nuestro vivo reflejo. Esto tiene una explicación los niños son emocionalmente dependientes de sus padres hasta los siete años.  Esto quiere decir que si a nosotros nos afecta algo posiblemente a ellos también. Que si nosotros como papás le tememos a algo ellos también, que si no nos gustan algunas verduras a ellos tampoco o si algo nos gusta mucho a ellos también. Los padres mandan mensajes a sus hijos constantemente, que son captados por los menores como prohibiciones, permisos u obligaciones. Se trata de algo casi inconsciente pero que va, poco a poco, conformando la identidad del niño.

Por ejemplo, imaginemos un niño que está en el parque con su papá y se acerca una bicicleta . El papá debido a su experiencia en donde de niño tuvo un incidente con una bici, se sobresalta y toma la mano del niño con gran fuerza teniendo una reacción desfavorable, incluso con exclamaciones de susto.  Aunque probablemente nosotros no le demos mayor importancia a esta acción, el niño sí puede recibir o entender diversos mensajes: “las bicis son peligrosas, ten cuidado”, “siempre te van a atropellar”, “no te separes de mi, porque te van a lastimar”. Son mensajes distintos que, sin darnos cuenta, estamos mandándole con un simple acto. Obviamente, esto sólo repercutirá en la identidad del niño si es algo repetido en el tiempo. Además, si después de ese “no” viene una argumentación lógica, estaremos controlando el mensaje que le queremos enviar. Posiblemente ese pequeño después no quiera subirse a un bici o se sobresalte cada vez que ve una o tenga un miedo a las bicis aunque nunca le haya pasado a él directamente algún suceso. Así como este ejemplo puede ser prácticamente cualquier reacción de nuestra parte hacia situaciones de la vida cotidiana.

Estos mensajes, generalmente de contenido emocional, se transmiten en su mayoría en situaciones de estrés. A medida que el niño los va incorporando a su identidad, se va creando su estilo de comportamiento vivido, que el niño ha interiorizado como propio. Así, en función de los mensajes que ha recibido el niño, se creará un guion de vida u otro.

Es posible que se transmitan de forma involuntaria mensajes que en realidad no queremos dar. Por eso, la solución es mandar mensajes positivos verbal y corporalmente.

En muchas ocasiones les damos mensajes a nuestros hijos de manera verbal pero nuestro comportamiento es distinto a lo que estamos diciendo por ejemplo imagine que usted esta en casa después de un día de trabajo y el pequeño quiere jugar con usted, usted le dice que “si” pero en realidad no se pone a jugar con él, se pone a revisar su celular estando junto a él. El pequeño le demanda atención y usted solo mira por segundos los juguetes y le dice que si le esta poniendo atención, incluso le dice que”si esta jugando” (cuando en realidad solo esta junto a él, consultando redes sociales). Al final usted se acuerda que algo que tiene que hacer y se retira de la habitación a pesar de la demanda y el enojo  del pequeño de que jugué con el. Días después el pequeño esta viendo la televisión y usted le pide que se vaya a bañar y el niño le dice que si, pero en realidad  no se levanta de su lugar, solo sigue atento a lo que tiene en frente, usted se molesta y le pide atención a su indicación sin embargo su hijo solo le dice que si le esta poniendo atención, pero no se mueve de su lugar. Llega al límite de su paciencia y entonces le grita hasta que el niño reacciona.  Usted ¿porqué cree que tiene  este comportamiento? Usted ¿porqué cree que el niño no le hace caso? Es justo el reflejo de lo que usted hizo anteriormente. Por eso es la frase Mi hijo mi espejo.

Como padres debemos de estar muy enfocados a nuestros mensajes verbales y actitudinales ya que nuestros hijos reflejarán lo que viven.